Sector inmobiliario y hotelero acusa impacto de Airbnb y pide regulación

20160712

La llamada economía colaborativa llegó para quedarse. La plataforma más popular que permite alquilar casas, apartamentos, dormitorios o piezas compartidas motivó que en el mundo entero se revea el modelo de negocio de la hotelería tradicional y el mercado de alquileres. Se acusa a Airbnb y aplicaciones similares de competencia desleal, al tiempo que se clama por una regulación de su actividad.

Funciona en 34.000 ciudades de 191 países. Airbnb desembarcó en Uruguay hace unos pocos años, pero en los últimos dos tomó fuerza y logro inquietar a los empresarios turísticos.

A junio, más de 4.300 propiedades de uruguayos se ofertaban en Airbnb para poder alquilar todo el inmueble, una habitación privada, o una habitación compartida con una o más personas.

El sector hotelero nacional da cuenta del impacto de Airbnb y de toda la economía colaborativa en su conjunto, y ello se vio especialmente en la última temporada de verano, que registró un descenso estimado de 15% en su actividad pese a que ingresaron más turistas al país que en la temporada anterior.

Airbnb tiene aproximadamente el 30% de las camas de estadía transitoria en Uruguay, y que se estima que esa cifra aumente.

El impacto en el mercado de alquileres también es notorio, especialmente en Maldonado y Montevideo. El sector, compuesto por 300.000 camas, se vio golpeado por las plataformas digitales, pero también por la falta de controles del Estado al pago de IRPF a los alquileres.

En los países del continente el impacto ha sido similar, y en algunas naciones y ciudades ya se aplican regulaciones y algunas restricciones a la operativa de las plataformas de alquileres.

Ámsterdam fue una ciudad pionera en el tema regulatorio. Es que la protesta de los hoteles llevó a las autoridades a visualizar que estaba cayendo en picada la rentabilidad del sector formal.

El gobierno de esa ciudad holandesa acordó con Airbnb el pago de un impuesto turístico del 5%, pero además impone que los alojamientos que se alquilen durante más de 60 días al año deben inscribirse en la categoría “Bed and Breakfast”, es decir registrarse en una condición similar a la de los hoteles. Los infractores se enfrentan a multas de hasta 18.000 euros.

En tanto, en Berlín se prohibió de forma tácita los alquileres turísticos a corto y largo plazo de apartamentos enteros sin permiso del gobierno de la ciudad. Únicamente se permiten los alquileres parciales de una o varias habitaciones. Asimismo, se exhorta a vecinos y residentes a denunciar un alquiler no regulado, que puede ser multado con más de 100.000 euros.