Procuran incrementar investigación sobre patologías que afectan a las viviendas

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Es común ver problemas en las edificaciones antiguas, pero también distintos problemas que surgen en las casas y los edificios con pocos años de estreno. Se trata de patologías constructivas, que pueden surgir durante las obras o una vez finalizado este proceso y luego de ocupada la vivienda.

Las posibles patologías de un inmueble dependen de muchos factores, pero en Uruguay, producto del clima, las humedades son las más comunes, de acuerdo a lo que varios profesionales del ramo informaron a Propiedades.

No hay muchas estadísticas sobre problemas constructivos ni de los perjuicios económicos generados por ellos. En los países más desarrollados se elaboran registros que permiten evitar la repetición de errores, dijo Julio Pérez, docente del curso de actualización de patologías en la construcción de la Facultad de Arquitectura de la Universidad ORT.

El especialista añadió que “la calidad constructiva ha bajado” en el país y que por ello se evidencian lesiones en viviendas nuevas y en aquellas recientemente restauradas.

Si las patologías se generan por errores o deficiencias de la etapa constructiva, la lesión queda expuesta en los primeros cuatro años de existencia del inmueble, afirmó. Por lo general, luego se producen lesiones por los problemas de uso de la vivienda y por la falta de mantenimiento.

La arquitecta Graziella Blengio, de esa misma casa de estudio, explicó que el clima juega su papel en las lesiones que se registran en Uruguay. “Las patologías se dan porque se conjugan dos condiciones: un sistema constructivo que es terreno fértil para que ocurran determinadas patologías y un clima que hace que las condiciones climáticas ataquen determinados puntos críticos de la edificación”.

Por su ubicación geográfica, Uruguay tiene un rango amplio de temperaturas: desde las bajo cero en invierno, hasta rondar los 40 grados o más al sol durante el verano. A raíz de la temperatura, el sistema constructivo de techos de hormigón armado se dilata de tal manera que hace que se produzcan fisuras o separaciones en la capa impermeabilizante.

El elevado índice de humedad y las pocas horas de luz y calor solar provocan que no se lleguen a secar completamente los cerramientos horizontales, y de allí la propensión a que aparezcan humedades en los techos de las viviendas.

Además, el viento tiene su incidencia. La velocidad de los vientos “obliga al agua que se encuentra en los techos a hacer caminos imprevisibles” por la estructura, sostuvo Blengio. Es a partir de ahí que puede encontrarse en lugares impensados algunos focos de humedad. 

Una vivienda ubicada en la zona costera está expuesta a un proceso de erosión más veloz. El desgaste de los materiales exteriores es mayor y, en ocasiones, genera que queden a la intemperie los hierros recubiertos originalmente por hormigón.

Más allá de estos puntos, la academia habla de otros factores y otros ejemplos de patologías.  Además, clasifica a las causas directas de las lesiones estructurales en mecánicas (cargas, empujes, impactos, rozamientos), físicas (lluvia, viento, heladas, cambios térmicos) y químicas (humedad, contaminación, organismos). Además, se habla de causas indirectas cuando se referencia a errores del proyecto, errores de ejecución, defecto en los materiales y errores de uso y mantenimiento de la estructura.

Generar más conocimiento sobre el fenómeno en Uruguay es clave para atender las diferentes situaciones y capacitar más al personal que se forma en los institutos locales, sostuvieron los especialistas consultados.

Pérez destacó que en otros países se insiste con la formación de arquitectos e ingenieros en estos aspectos, pero en las carreras de los centros públicos y privados uruguayos este tema apenas se aborda en cursos específicos y sin la profundidad necesaria en la formación de grado.

“Está la lógica constructiva, el ejercicio del buen construir y el conocimiento. Esto es directamente proporcional con el conocimiento que el profesional o el equipo de profesionales tienen de lo que van a hacer. A veces lo que falta es ponerle más cabeza al trabajo, no entender que todo sirve para todo y no entender que no hay materiales mágicos. Porque no hay materiales mágicos, hay pienso mágico”, afirmó Pérez.

“El hombre tiene que pensar de una manera coherente y lógica para que los materiales puedan estar a su servicio. Si pensamos que un revoque hidrófugo, una membrana o una aislación térmica lo va a hacer todo, estamos equivocados. Todo necesita resolución constructiva, detalles constructivos, y es ahí donde el hombre tiene que meter la cabeza”, añadió.

Foto: Skyscraper City